sábado, 26 de noviembre de 2011

MI PROPIA TERNURA I

I

Hablaré contigo después que se vaya el ruido,
Hablaré después que los pájaros de la noche se acurruquen tibios más allá de los recuerdos y de los amargos deslices de los aromas que quizás todavía empapan los sentidos, como viejos amores o más bien como amores perdidos.

Hablaré con todos los versos que escribí sin saber de ti y que todavía andan salpicando primavera entre inviernos y años que se me han ido demasiado tarde de la memoria.  Hablaré quizás de instantes como pocos los hubo entre susurros y miradas descalzas a mitad de esas noches que ya ni siquiera se quedan a tomar café conmigo cuando me secuestran los insomnios. Y me dejan sobre la proa de mi propia cama.

Hablaré de los instantes, mínimos y eternos, pequeños y sumados, alegres y tan efímeros, como el último beso que regalé cuando ya se me habían ido los labios y las ganas de besar. O cuando callado regresé a las estrellas encumbradas de ternura a sanar eternidades y que tú puedes llamar vida, quizás.

Porque tengo tantas cosas que decirte. Tantas, como almas llevo en mis pequeños poemas de forastero. Porque soy un enamorado del amor y de las distancias tan pequeñas, como para besar a cada momento. Un alguien extraño que se viste de cometas y soles de piel, el más faro entre los faros que alumbran cuando la noche es más noche que nunca o cuando las olas del mar empiezan a salpicar soledad.

Porque el tiempo, a veces, es amigo y, a veces, es el más señero de los miedos. Porque aunque sea lo último que escriba o lo primero que recuerde, porque cuando se vaya el ruido ni siquiera mi voz podrás oír…. hay veces que el silencio dice más de lo que yo pudiera hablar y hay veces que hay más cariño en ese silencio que un océano de lágrimas muriéndose lejos de las mejillas. De mis mejillas, por cierto. Porque sólo hablo de mejillas cuando empiezo a llorar. Y sólo lloro cuando se ha ido el ruido.

II

Mi propia ternura es lo que me queda cuando la noche apaga hasta la luna misma o cuando no te puedo olvidar, quizás...Mi propia ternura es lo que me queda. Lo único que respiro más allá del oxígeno. Y aunque salpique lágrimas como una llovizna de sombras crueles, siempre respiro más y más, llenando hasta el último rincón de mis carnes frías.

Te amo tanto, vida que aún llorando errores o los tragicómicos eventos que se cuelgan de tus ásperos soles y naufragas lunas, seguiré sonriendo como un viento tibio en cada una de tus extrañas geografías. Y donde tu vayas, iré contigo, aunque la soledad no tenga el sabor de siempre. Y la felicidad sea más esquiva que un beso o más distante que una caricia.

Mi propia ternura abre mi alma y las percepciones locas ya no tienen espacio para las estupideces. Esas que siempre crecían debajo de mis osadías. Mi propia ternura es la geografía que destilan mis ojos de astronauta y capitán. Y no pretendo vestirme de oro o de luz. Hasta me gusta ser imperfecto. Ser de las orillas y no del centro. Ser el último y no el primero. Pero ser y sentirme vivo. Sentir más que pulmones llenándose de aire o migajas de soledad almacenadas en los edificios.  

Porque puedo oler donde ya no alcanzan ni narices ni odios.
Puedo mirar donde nace la luz de los amores y de los poemas que danzan una eternidad de caricias y besos alrededor hasta el pulso de los quasares hundidos en lo entrañable de esos universos que escribo y que tú me regalas en cada insomnio. Así logro besarte, sentir que eres mía. Que soy tuyo. Que ni siquiera la palabra tiempo se anida a escondidas entre nosotros, vida.

Sí, vida. Eres esa que me hace caminar tanto para llegar al mismo lugar siempre. Eres esa que me hace perdonar donde a veces hasta yo soy culpable. Esa que me hace llorar con sonrisas y carcajearme con lágrimas. Esa que despierta conmigo y nada me dice, aunque tropiece todo el día. Esa que me embriaga de eternidad sabiendo que jamás me dirá el día que se irá. Esa que me hace respirar más que oxígeno, más que humanidad, más que átomos jugando a evolucionar en medio de tanto mundo.

III

Si quisiera amar ya hubiera amado, ya hubiera pintado todos los miedos que tengo y los que ni siquiera conozco. Ya hubiera enamorado las crueles geografías que siempre están rodeándome, y esperaría el primer amanecer de las libélulas haciendo el amor en mi almohada de insomnios.

Sin quisiera amar ya tendría los labios secos de tanto beso que saldría disparado a tu boca o al menos mis manos jamás pedirían disculpas por sentir tu preciosa geografía. Podría contar infinitas veces los sueños y las ganas de tenerte entre mis brazos aunque sea un efímero halo de ternura atravesando el tragaluz de mis propias ilusiones, aunque dejara que el mismo frío me engañara de nuevo otra eternidad de soledad. Y también así, amándote, podría saciar mi sed de desiertos y esta guerra de ausencias que me regala el destino cada noche.

Creo que duermo atrapado en un amor de imposibles, de imágenes que se irán lo suficiente como para despertar en una lágrima colgada en la suspicacia de los tiempos. Es tan pequeño el amor que pido. Y tan infinito. Si quisiera amar ya sabrías qué mis nubes te acorralarían en lo más alto de las distancias, y en lo más recóndito de las almas nos haríamos uno como uno es el corazón de la existencia misma.

Si quisiera amar tú serías mi amada, porque siempre estás alumbrándome a través de las distancias y de los suspiros que te robo con mis versos. Tú serías la paz de mis universos, la lluvia graciosa y tibia de mi eterna primavera. Serías la huella para que los planetas pudieran hallarme columpiándome en una luna hecha de miel. La miel de tus besos por si me preguntas. Y serías la princesa del viento, de ese viento que me inunda hasta los perjuicios, de ese viento que me sana de aquellos perfumes que acostumbran a despedirse.

Eres la magia de los espejos reflejándome por fin limpio. Eres espacio para un jardín que jamás acabaría y eres poema, de esos que jamás se quedarían quietos, que revolotearían entre ojos enamorados y flores pariendo flores, infinitas flores a quemarropa unas mil vidas si fuera necesario. Porque eres la que siempre está leyendo lo que escribo y nunca dice nada. Porque entre tanto silencio, silencio y silencio, sabe que la amo. Y tampoco digo nada.

IV


Qué le pasó a la sonrisa, me pregunto, que ya ni el sol sonríe ni las escasas flores que todavía permanecen desnudas en la ribera de mis ojos astronautas. Pareciera que no hay sorpresas que mirar ni perfumes a miel manando alrededor que oler. Qué les pasó a tus ojos, me pregunto, que ya no siembran como ayer… dónde se fue esa ternura tan mía y tan tuya. Dónde se quedó la risa y todo ese montón de besos y caricias que hasta las estrellas se hacían piel y respiros en nuestra pequeña habitación de luciérnagas jugando a enamorarse.

¿Por qué hay tanto silencio donde ya hay silencio? ¿Por qué ni siquiera oigo latir los recuerdos..qué sucede…dónde están las alegrías, ese tiempo que ni siquiera fue tiempo…dónde…dónde..

Qué le pasó a tu mano, que ya no puede tomar la mía y qué le pasó a esas noches únicas y nuestras o a esos cuerpos que se fundían en un solo continente de lujuria perfecta. Oh dime qué le pasó a los sueños ya que todos se vienen mejillas abajo oliendo a sal y sudando despedidas. Y que le pasó a mi almohada que hasta insomnios y pesadillas ahora sueña como si fuera mi último cariño.

Dónde están las golondrinas en primavera y dónde están aquellas flores tuyas que lo invadían todo, como si fueran tus besos amarrándose a mis labios. Y dónde están nuestras propias vidas.

Quizás fuimos tan parecidos que nos hicimos diferentes, acaso extraños, simples murmullos hasta desaparecer, hasta el cansancio de soportarnos, hasta el cariño de ser ausentes e idos como un invierno disfrazado de sol enamorado de una primavera que se convirtió en otoño.

Dónde se quedó la sonrisa, vuelvo a preguntar. ¿A mitad del camino o al principio de un cruce de miradas? o simplemente fuimos más viento que el viento mismo y nos volamos tan aprisa que ni siquiera pudimos despedirnos. Porque ni siquiera encuentro la comisura de mis labios, como para sonreírle a ese tiempo nuestro que ahora me dice adiós tal como yo le digo adiós, aunque se lleve mi alma.

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